Un rincón de Zamora para perderse...

Se dice que el despoblado de San Juan, en la Dehesa del Cuartito, es la raíz de esta localidad.

Puntas de flecha de cuarcita, estela romana dedicada a Cloutina y cabeza labrada en piedra representando tal vez un demonio son los restos encontrados en él.

El actual pueblo, posiblemente, fue repoblado por gentes originarias de Galicia o del Norte de Portugal.


Estuvo a punto de desaparecer, al igual que Argusino, cuando se construyó el Embalse de Almendra. Las aguas anegaron el tramo final de la Rivera de las Suelgas llegando hasta las propias casas, La antigua Iglesia hubo de ser desalojada en 1970.


El origen de su nombre se remonta a la Baja Edad Media, con referencia al árbol del Sauce, igual que Carbellino al roble o Carballo, Luelmo al olmo, Fresnadillo al fresno, Almeida al álamo, Moralina / Moraleja al moral… siendo, también, una seña identificativa de los primeros asentamientos celtas en la ribera norte del Tormes.


Los historiadores coinciden en que estas tierras son habitadas desde tiempos remotos. Las glaciaciones del Paleolítico, conocido como tal el período en que el hombre fabricaba sus herramientas de piedra tallada, trajeron a Sayago gélidos fríos de las cuatro glaciaciones, especialmente la última, la Wurm hace más de 20.000 años, provocando la huída de la caza hacia el sur y con ella los habitantes de la zona: nómadas, que resguardándose en cuevas naturales nos dejaron vestigios de su forma de vida: utensilios y herramientas de piedra.

No obstante, y a pesar de la climatología adversa, las terrazas del Tormes orientadas al mediodía, más concretamente las de Roelos, y algunos abrigos o cuevas naturales en este río, así como en el Duero-frontera con un microclima más agradable, favorecieron la permanencia de pequeños núcleos poblacionales.

Son conocidos, en ese aspecto, refugios como la cueva de Valcuevo de Torregamones, la Fisga El Diablo en Fariza, El Buraco el Diablo en Fermoselle, la Casa del Grelo en Mámoles, los Hociles de Pereruela, la Cueva de los Moros en Almeida, etc. Ambas denominaciones “Diablo” han sido debidas, sin duda, a los momentos de cristianización ya que en esos refugios se daba culto a las profundidades.


Las herramientas de esta etapa eran de piedra tallada, mediante la percusión en cantos de cuarcita, tanto las hachas como cuchillos, punzones, lascas y raederas para cortar la carne y trabajar la piel. Si anteriormente se destacó a Roleos, es porque en su término han aparecido con más asiduidad hachas unifaciales y bifaces achelenses de forma almendrada, muy conseguidas estas últimas.

Comienzan los asentamientos en el Neolítico, periodo prehistórico de la piedra pulimentada que sustituye a la tallada. Los avances tecnológicos y cambios evolutivos no se dieron sólo en el arte de labrar la piedra, porque supuso además que el hombre dejara de ser nómada detrás de la caza y fijara asentamientos definitivos, principalmente en altos cerros que facilitaban la defensa, o peñascales junto al cantil del río que le cubrían la retaguardia, en los que domesticó animales, comenzó a labrar la tierra y generalizó, por primera vez, el uso de la cerámica.

Otra característica importante del Neolítico en Sayago son los dólmenes o enterramientos individuales o colectivos a base de enormes piedras (megalitismo), así como la aparición de altares y santuarios rupestres en los que se daba culto a las divinidades de la Naturaleza: árboles, rocas, aguas, cerdos, toros, serpientes, Sol, Luna, etc.,  mediante ofrendas o sacrificios cruentos. Vestigios de aquellos asentamientos son los dólmenes de Almeida y Fariza.

Si la revolución neolítica fue tardía para Sayago, como consecuencia de la difícil comunicación con las comarcas próximas debido a los infranqueables Arribes del Duero y Tormes, la llegada de los metales debió ser aún más larga en el tiempo. Esto supuso que los sayagueses continuasen durante mucho tiempo con las herramientas de piedra. La única pieza de cobre, primer metal descubierto por el hombre, fue hallada en el dólmen de Almeida.

                 

Si no se ha encontrado nada más de cobre, y nulas son prácticamente apariciones de bronce, podemos deducir que, hasta la llegada del hierro, unos 3.000 años a. de C., en Sayago, sus habitantes desconocieron la primera etapa de la metalurgia.


En la Edad del Hierro, y con la llegada de las tribus vettonas celtas (siglo VI a. C.), en Sayago sí que aparecen restos arqueológicos más precisos, cerámica elaborada ya con torno e incluso incisa, esto es, con las primeras manifestaciones del arte mediante incisiones con la uña o algún palito.


Entre esos restos aparecen también pondus (pesas que servían para tensar, de piedra o barro, utilizadas en los telares)

          

y fusayolas (elemento cerámico o pétreo perforado, con forma trapezoidal, cónica o bicónica, empleado para labores textiles domésticas) correspondientes a los primitivos telares en los se comenzó a tejer el típico “manto” sayagués usado por los pastores. En este tejido se da origen a la vestimenta típica de la zona:


El traje femenino se compone de jubón, saya o manteo con faltriquera y delantal, manteo, pañoleta, denque, mantilla o mantón de Manila; camisa, pololos, enaguas y medias blancas con zapatos de lentejuelas. En los bordados se reproducen discos solares, elementos florales, aves exóticas, medias lunas, etc. El jubón y el manteo son las piezas con más esmedrada decoración, principalmente a base de lentejuelas plateadas y doradas, azabaches, pedrería y botones de plata.


El traje masculino es mucho más austero y está formado por prendas como polainas, camisa blanca con puños bordados. El resto de prendas son de color negro, como el chaleco con doble fila de botones de plata, la chaquetilla de felpa, el sombrero y los zapatos. 

     

Asimismo, en los múltiples asentamientos han aparecido las típicas molineras barquiformes para moler trigo o bellotas.

     

 

Pero quizás lo más importante de la población primitiva sayaguesa fue su vida comunitaria, una costumbre que casi ha llegado a nuestros días.

La tierra común y sus productos también comunes, que se repartían equitativamente entre los miembros de aquella sociedad. Lagares comunitarios, hornos de fundición de uso común, vecera común, cabriada común (lugares y techumbres para alojar el ganado y resguardarlo de la intemperie), trabajos cooperativos y tareas de todos para solucionar problemas de todos.

     

ROMANIZACIÓN

Ni fenicios ni griegos, establecidos en el sur y este peninsular respectivamente, aportaron nada en el Sayago de entonces. Lo mismo podemos decir de los cartagineses, salvo que su general Aníbal alistó en las filas de su ejército contra los romanos a hábiles jinetes y diestros honderos sayagueses.


Por ello, Sayago llega sin sobresaltos al año 218 a. C., en el que las legiones de Roma inician la conquista de España con el fin de cortar el aprovisionamiento del ejército cartaginés.


En el año 409 de nuestra era, tuvo lugar la caída del imperio romano ante el poder de los bárbaros. Fueron muchos años bajo el poder de Roma, exactamente 627, y sin embargo Sayago no participó del desarrollo económico y cultural como lo hicieran otras comarcas.

Debido a los frecuentes cambios de demarcación territorial, perteneció primero a la provincia de Citerior, luego a Vettonia, y por último a Lusitania.

Por el año 149 a. C., el pretor Galba prometió tierras a los lusitanos con la condición de que entregasen las armas. Galba incumplió lo tratado y los pasó a cuchillo. De esta matanza se salvó Viriato, caudillo lusitano, nacido en Torrefrades según la tradición, en cuyo pueblo se conserva su casa, Casa de Viriato, junto a la carretera.

    
De todos son conocidas las hazañas y las ocho victorias contra los ejércitos romanos, que se cuentan en otras tantas franjas verdes de la bandera de Zamora. 

Tras el asesinato de Viriato en el año 139 a.C., a mano de tres de sus capitanes, comprados con dinero de Roma, el que fuera guerrero lusitano que puso en jaque a lo más selecto de las legiones romanas, la comarca pasa a ser de dominio pleno del poder de Roma. Años más tarde, Sayago pasaría a formar parte de la provincia de Lusitania, con capital en Emérita Augusta (Mérida), lo que supuso asentamientos romanos en puntos clave para el sostenimiento logístico como Torrefrades, Peñausende, Tamame, Alfaraz, Moraleja, Escuadro, Fresno, Carbellino, Fermoselle, Villardiegua, Villadepera con las explotaciones de sus recursos mineros de cobre, Moral, Pereruela, Muga, Fresnadillo y algún otro pueblo, en los que dejaron alguna huella y muestra de su estancia: estelas, entre las que destaca la colección de que dispone Villardiegua de la Ribera, cerámica, molineras, etc.

Pero lo más importante para Sayago es que, para ese sostenimiento logístico, para facilitar el paso rápido de sus legiones, tuvieron que realizar calzadas secundarias a la Vía de la Plata, lo que supuso la construcción de puentes y de fuentes para abrevar los caballos y la tropa.Poquísima influencia y relevancia en costumbres y economía tuvo la romanización en Sayago. No obstante Roma dejó la huella imperecedera de su paso, del tránsito de sus legiones, de sus destacamentos y ocupación. Una apretada red de calzadas secundarias a la Vía de la Plata cruzaba en todas las direcciones el territorio sayagués. 

En su trayecto se levantaron magníficos puentes que aún perduran. Para abrevadero de legionarios y caballos se hicieron fuentes que, junto a los puentes, constituyen lo más selecto de los monumentos antiguos de la comarca.

     

Varias estelas funerarias, en su mayoría empotradas en las paredes de las casas e iglesias, nos recuerdan sus costumbres en el culto a sus divinidades.

Las minas de Villadepera, ahora abandonadas, nos remiten a una actividad febril en la obtención de estaño. Bordes de dolium y de tégulas (vasijas y tejas), así como de algunas muestras de cerámica sigillata (con sello de alfarero) siguen apareciendo en el lugar de los antiguos asentamientos romanos.

EDAD MEDIA

Invasiones germanas:

El año 409, con la invasión de los bárbaros, pone punto final a la Edad Antigua. Años de hambrunas, robos, pillajes, e inquietud, trajeron los nuevos invasores. Sayago se despobló en gran parte, refugiándose los que se quedaron en los antiguos castros.

Los visigodos convirtieron a la comarca en uno de sus territorios preferidos de caza mayor. Algunos topónimos derivan del nombre de algunos de sus reyes como Fruela.

Los árabes:
Durante los casi 800 años de dominación musulmana (711-1.492), la vida de los sayagueses percibió pocos cambios sustanciales. Aferrado al continuismo en sus costumbres agrícolas y ganaderas, no se liberó del lastre de su escasez de recursos.

La mayor parte de la tierra estuvo en manos de la Iglesia y de los nobles, poseedores ambos poderes feudales de gran número de latifundios o dehesas. En los inicios de esta segunda etapa medieval, Sayago sigue despoblándose como consecuencia de la invasión.

Posteriormente, muy adelantada la Reconquista, tiempos ya de Alfonso VI, que sitúa la frontera en el Tajo con la toma de Toledo en 1085, la repoblación de la comarca se consolida, alejado el peligro musulmán. Gallegos, portugueses, asturianos y otras gentes del norte irán cubriendo el vacío de centurias atrás en los viejos poblados. Asimismo se instalan en otros nuevos con los derechos y fueros concedidos por el rey o noble de turno, pero con las obligaciones del tributo que a duras penas podían soportar. Los concejos serían los encargados del mantenimiento del uso y buenas costumbres.

   

Lo más destacable de la etapa musulmana en el aspecto económico fue la aparición del artesanado de carácter familiar, que vino a complementar las carencias de muchos campesinos sayagueses, y que llegó hasta mediados del siglo XX.

Prodigaron los telares aunque muy rudimentarios. Desde el siglo XI la fuerza hidráulica de la corriente de las riveras y de los ríos fue aprovechada mediante la construcción de molinos, muchos de ellos comunitarios, aceñas y batanes.

                   

El número de curtidores, herreros, zapateros, sastres y otros oficios artesanales se vio multiplicar.

En el aspecto artístico, el estilo románico va a presidir los siglos XII y XIII.

Durante los reinados de Fernando II de León y de su hijo Alfonso IX, que distancia de nuevo la frontera hasta el Guadiana con la conquista de Mérida, Sayago, como toda Zamora, verá levantar la mayor parte de las actuales iglesias de achatadas torres. Dentro de este estilo, merecen especial mención las dos portadas de la Iglesia de Fermoselle, la serie de canecillos de su antiguo claustro, la serie también de canecillos de la iglesia de Sobradillo y algunos de la de Mogátar.

                            


Durante los siglos XIV, XV y parte del XVI, el arte se eleva hacia el cielo mediante el nuevo estilo gótico. El arco románico de medio punto fue sustituido por el ojival o apuntado. Bóvedas de crucería permitieron dar mayor altura a la arquitectura. Pero en una comarca de escasos recursos como es Sayago, y ante lo elevado de los costes del nuevo estilo, las edificaciones dentro del gótico son muy escasas. Villar del Buey, Fermoselle en su atrio sur, Ermita de San Miguel de Fresno, Malillos, Mogátar y Peñausende, son las únicas muestras que nos sorprenden con sus magníficas bóvedas de crucería en sus respectivas iglesias.

         

       

La escultura gótica sin embargo es más pródiga y abundante en la comarca. Con mayor expresividad y menor rigidez que en el románico, vírgenes, cristos y calvarios, con mayor o menor fortuna artística pueden verse en la mayoría de los pueblos sayagueses. La Virgen del Castillo (Fariza), la de la silla (Bermillo), la Virgen Blanca (Villar del Buey), los crucificados de Carbellino, Fermoselle y de Gáname son las tallas góticas más significativas.

EDAD MODERNA

Los Reyes Católicos, con la expulsión de los árabes, consolidaron la monarquía, pero cometieron la torpeza de expulsar también a los judíos. El receptor principal fue Portugal que se benefició de la llegada de hombres cultos, artesanos y banqueros. Sayago perdió un potencial importante, aunque algunos judíos aprovecharon para quedarse, al estar la comarca tan aislada y tan próxima a la frontera.

En el reinado de Carlos V, Sayago se vio implicado en la lucha comunera. El obispo Acuña, que se sumó a los tres célebres capitanes sublevados, estableció su cuartel general en el castillo de Fermoselle, hasta que, tras la derrota de Villalar, acabó en el patíbulo, y el castillo lamentablemente desmantelado por orden del rey.


La conquista de Portugal por Felipe II supuso la llegada de menesterosos del otro lado del Duero hacia Sayago, de forma que se tuvieron que poner controles en los pasos del río. Para remediar en parte el problema del hambre se establecieron hospitales de pobres en Fermoselle y Almeida.

A pesar de las pestes que venían asolando al país desde el siglo XIV, las malas cosechas, las frecuentes epidemias del XVI, y el incremento de población a finales de este siglo, no se incentivó la emigración y el número de emigrantes sayagueses hacia la recién descubierta y colonizada América fue escaso.
Convertida España en la principal potencial mundial, Sayago se vio beneficiada por el general crecimiento económico, lo que motivó la apertura de muchas ferias con la autorización, protección y privilegios concedidos por el rey, que han llegado, algunos de ellos, a nuestros días. Asimismo, se establecieron en los pueblos de mayor población mercados de trueque de productos de la comarca. Aprovechando algunas de esas ferias, 9 de septiembre en la ermita de Gracia por ejemplo, se celebraban con gran jolgorio corridas de toros. También tendrían lugar, con encierros incluidos, en los núcleos de población más importantes: Fermoselle y Almeida.

Es notorio el que en esta etapa histórica, se fomentara el número de cofradías en cada pueblo de Sayago, con ordenanzas propias, que lograron recaudar fondos para levantar las muchas ermitas, ahora en su mayoría destruidas o abandonadas. Fue, además de un acto de fe, una manera de aliviar la fuerte presión de la Iglesia.

Otro hecho significativo fue la compra de Sayago en 44 millones de reales al rey Felipe V en 1741. Los concejos, ante la nueva situación, y ante la demanda de más tierra cultivable por parte de la población en aumento, éstos, faltos de recursos económicos, se vieron obligados a vender gran parte de los terrenos comunales. Para asegurar una vez más la propiedad privada, y con el fin de liberarse de estar cuidando el ganado y dedicarse a otros menesteres, cada unidad familiar dedicó su escaso tiempo libre al cerramiento de sus fincas con pared de piedra. Así, cada año se fue incrementando el número de prados y cortinas alrededor de cada casco urbano. Ello dio lugar a un laberinto y cinturón de paredes en torno a los pueblos, que hoy en día llama la atención a los visitantes.

El arte, en los Siglos de Oro, introducirá grandes cambios renovadores. El nuevo estilo, llamado Renacimiento o Renacentista, hará renacer, de ahí su nombre, las antiguas culturas de las grandes civilizaciones de Grecia y Roma. Como entonces, el gusto y disfrute por los temas naturistas, por la realidad viva de los paisajes, personajes y desnudos en toda su belleza, se imponen de nuevo. Escultores y pintores tratan de imitar a los grandes genios antiguos. En la arquitectura se continúa con el gótico, al que se une el nuevo estilo isabelino, o el plateresco del primer renacimiento. Sayago, salvo las aportaciones que antes se mencionaron en el gótico, aporta pocas novedades, salvo algún presbiterio y algún sepulcro. Tímidamente aparecen algunas portadas de iglesias con el típico pometeado de los Reyes Católicos en Pereruela.

          

Sin embargo, sí que se prodigaron las obras escultóricas y pictóricas renacentistas en la mayoría de las iglesias sayaguesas. El oro traído de América embelleció con su dorado (pan de oro) sagrarios, imágenes, relieves y algún retablo.
Durante el siglo XVI la mayoría de las iglesias y ermitas fueron pintadas con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, para explicar con imágenes el contenido de nuestra religión. Cuadrillas de pintores, contratadas previamente, se encargaron del trabajo. No eran pintores cualificados, por lo que las pinturas son más bien rústicas, simplistas, de trazos sencillos, salvo excepciones. Con motivo de la peste y por razones sanitarias las paredes de las iglesias fueron encaladas. Para facilitar el que la cal agarrara, las pinturas fueron deterioradas o perdidas por los golpes de la piqueta.
El siglo XVII trae consigo un nuevo estilo: el Barroco, que finaliza con el Rococó, recargado de adornos y rebuscado. El más abundante en Sayago. En ese tiempo muchas de sus iglesias fueron ampliadas o reconstruidas, por lo que se conjugan en ellas lo románico y lo gótico con lo barroco. Se incrementaron los retablos así como las imágenes procesionales con mayor expresión de movimiento. La pintura aumentó los contrastes de luz y sombras dando lugar a la técnica del tenebrismo, del que la comarca ofrece varias muestras en Roelos por ejemplo.
El siglo XVIII, más conocido como Siglo de las Luces y de la Revolución Industrial, trajo aires nuevos de Francia, aliado de España, que promulgaban tolerancia, libertad y menos poder absoluto del rey, pero esos aires no llegaron a la comarca. Tan sólo, la Sociedad Amigos del País promocionó la plantación de almendros y otros frutales de manera gratuita. De ello se benefició esencialmente Fermoselle que cubrió desde entonces gran parte de sus laderas hacia el río.
Los tratados de alianza con Francia no beneficiaron para nada a Sayago. Por el contrario, la frontera se vio envuelta en frecuentas revueltas y guerras, sobre todo durante el reinado de Carlos III. El Fuerte de Torregamones es el más vivo ejemplo. Desde allí se cañoneaba el castillo de Miranda. Estas guerras motivaron una fuerte salida de sayagueses hacia Argentina y Cuba, principales países de atracción. Los que volvieron con dinero, los indianos como se les llamó, compraron fincas e hicieron magníficas casas en el pueblo cuyas portadas destacaron de las otras.
Poco hay que destacar en Sayago de la arquitectura barroca del siglo XVIII. La escultura se recargó aún más con follajes, parrales y otros motivos ornamentales. La pintura prefiere los temas campestres y cuadros con mayor colorido. A finales del XVIII, del cansancio que se produjo con tanta ornamentación, surge el Neoclasicismo. Un nuevo estilo más austero y sencillo, contrapuesto al anterior.
A finales del XVIII y principios del XIX, con motivo igualmente de la lucha con el país vecino, Carlos IV o bien Napoleón que pretende conquistar Portugal a través de España, recomiendan fortalecer y restaurar los puentes próximos a la frontera. De ello se beneficia Fariza con la remodelación de su Puente Grande. En el reinado anterior, Pinilla vio levantar un puente sobre su rivera con idéntica intención.

EDAD CONTEMPORÁNEA

Desde el punto de vista histórico y social, los siglos XIX y XX fueron para Sayago tiempos desfavorables y de sufrimientos. No se vio libre de la serie de guerras: primero de La Independencia, luego Carlistas, posteriormente de Cuba y Filipinas, la tristemente célebre de África, Primera y Segunda República y, para colmo y final, la Guerra Civil.
Tanto desastre afectó lógicamente a la economía sayaguesa. Los franceses, que ocuparon la comarca especialmente la zona fronteriza, se llevaron, como contribución de guerra, las pocas joyas disponibles, requisaron animales y buena parte de los cereales cosechados, y no pocos sayagueses fueron fusilados. Unos por ofrecer resistencia. Otros por sus propios paisanos al considerarlos afrancesados.
El propio monarca, Fernando VII, permitió a su ministro Mendizábal, período 1835-55, suprimir las órdenes religiosas y poner en subasta pública sus bienes y los de la Iglesia, bajo el pretexto de llevar a cabo una reforma agraria, acabando con los latifundios en beneficio de los más pobres. La mayor parte de las dehesas de Sayago salieron a subasta, pero fueron adquiridas por la clase pudiente, salvo contados casos en que algunos pueblos se unieron para comprarlas y repartírselas en lotes. Lo cierto es que los ricos aumentaron sus bienes y los pobres se hicieron más pobres, porque éstos compraban con dinero del terrateniente del pueblo en quien declinaba finalmente la propiedad. El fraude en las subastas fue por tanto manifiesto. Pero tuvo otras repercusiones políticas y sociales. El rico prestamista, a quien se le dio el sobrenombre de “cacique”, daba dinero a crédito, quedando el que lo recibía con el compromiso de emitir su voto en las elecciones para quien se le ordenaba, las denominadas “Elecciones del Pucherazo”.
España entera pudo ver cómo conventos y monasterios, llenos de obras de arte de gran valor, fueron expoliados; los edificios abandonados, y robadas luego sus piedras.
Por si fuera poco el desaguisado de Medizábal, Madoz, su sucesor, sacó a subasta los terrenos comunales de los pueblos. Sayago alegó como recurso, en el que hubo de presentar la escritura de compraventa, que tales terrenos fueron comprados a Felipe V. Aún así varios pueblos vieron mermados esos terrenos que venían siendo aprovechados de siempre por sus vecinos.
Sayago, marginada una vez más en el siglo XX, pudo escuchar el silbido del tren que recorría los pueblos portugueses del otro lado del Duero. La unión con esas líneas hubiera supuesto la salida hacia el mar y un respiro al subdesarrollo.
Quizás, como recompensa a los votos a su entonces diputado Requejo, Sayago quedó comunicada con la vecina comarca de Aliste, a través del magnífico puente de estructura metálica que cruzó el Duero: El Puente Requejo, 1914 como consta a la entrada del mismo.

Sayago contribuyó como ninguna otra comarca al progreso de España mediante la producción hidroeléctrica con seis embalses en el Duero y otro en el Tormes, con los consiguientes impactos medioambientales negativos y pérdida de terrenos inundados.

 

Cabe mencionar el que, los pueblos limítrofes, hasta los días en que se abrió definitivamente la frontera con Portugal de uno y otro lado, buscaron, como complemento a su precaria situación económica, el trueque de productos mediante el conocido sistema del contrabando: café y azúcar de Portugal a cambio de harina o carne, que pasaban a nado o a través de una cuerda.


La mecanización del campo ha supuesto, como para toda la España agrícola, un enorme proceso de desarrollo. A cambio, gran número de jornaleros perdió su trabajo y hubo de buscar nuevos horizontes, en un éxodo casi masivo, hacia otros puntos de la Europa industrial.


Los servicios recientes de alcantarillado y agua corriente han supuesto mayor comodidad e higiene, pero han propiciado un cambio profundo en la típica vivienda sayaguesa.


En cuanto al arte no se perciben cambios importantes. Hasta mediados del XIX continua imponiéndose el Neoclasicismo. A partir de aquí, los aires de libertad llegaron a los artistas y cada cual fue imponiendo sus gustos y criterios.