Un rincón de Zamora para perderse...


COMARCA DE SAYAGO

La comarca de Sayago se extiende aproximadamente por un territorio de una 240.000 hectáreas, con una gran diversidad paisajística y de ecosistemas lo que permite diferenciar espacios tanto por vegetación como por suelo, dándose las siguientes zonas:

Zona Fronteriza: comprende los Arribes, que es un conjunto de cañones que bordean el río Duero haciendo de frontera con Portugal y que forman hoy en día el Parque Natural de arribes del Duero. La naturaleza de sus suelos es eminentemente granítica, con vegetación dispersa y en cuanto a cultivos predominan los olivares, campos de vid y frutales.

Zona Media: comprende una penillanura de transición con grandes extensiones de dehesas de encinas y matorrales. La principal actividad agropecuaria es la ganadería.

Zona del borde oriental: se trata de una zona llana, con suelos arcillosos y eminentemente agrícola. En cuanto a los núcleos de población existen 57 destacando entre ellos aquellos núcleos donde se ubican algunos servicios administrativos. Sayago es a tenor de esta descripción es principio una zona agreste, no obstante es esta "pobreza "es su gran activo, ya que ha lo largo de un gran periodo de tiempo, se han seguido preservando usos, costumbres y formas que pueden dar lugar a la generación de un desarrollo, basado en todo aquello, que si antes era lo cotidiano, hoy es lo singular. Es por ello que la comarca de Sayago en este sentido ha día de hoy tiene un gran futuro.
Situación: Limita al norte con la comarca de Aliste, al oeste con Portugal, el este con Zamora y Tierra del Vino y al sur con la provincia de Salamanca. La capital de la comarca es Bermillo de Sayago. Está enclavada entre los cauces del río Tormes al sur y el río Duero al norte.
Etimología: La palabra Sayago tiene una posible relación con los yacimientos mineros de época céltica, pudiendo derivar de la palabra céltica Salliacum. Sus formas medievales serían: Saliago, Salago, Salagu y Sayago.
También se relaciona con sayo, sayal, capa o «sagum» celtibérico y lusitano de color pardo, buriel o vellorí de las ovejas llamadas negras. Se pagaban como tributos por los vencidos celtíberos a las tribus romanas. Con el «paño sayal» se confeccionaron (hasta finales del siglo XIX, principios del XX), todas las prendas externas de la indumentaria sayaguesa.
Otros autores buscan el origen de Sayago en el antiguo reino de Sabaria o Sibaria, en tanto que:
Según el texto de San Isidoro, Sabaria ab eo omnis devita est; y más claramente, según el Bidiacense, que llama provincia de Sabacia y Sabua a sus habitantes, que en otros códices se escriben Sagos, es muy regular que si ésta fue la Sibaria de Antonio, venga de aquí el nombre de Sayago y Sayagueses.
Su nombre podría ser la forma leonesa de Sanctus Iacobus (Santiago).

FLORA

La especie arbórea dominante de la comarca de Sayago es la encina (Quercus ilex), aunque resulta muy dificil encontrar agrupaciones densas, encontrándose más bien en grupos reducidos, sin llegar a formar grandes poblaciones, debido principalmente al uso abusivo de esta como leña y a la tala masiva para su posterior uso agrícola.

Las zonas de encinar son utilizadas para el pasto del ganado, puesto que las bellotas han constituido desde siempre un alimento fundamental para cerdos y hoy en día para ovejas y cabras. Tambien tuvieron importancia las carrascas -encinas de pequeño porte- sobre todo como forma de refugio para el ganado en épocas invernales. Asociadas a estas encontramos también especies arbustivas como tomillos, escobas, piornos y jaras.

    

Otras especies arbóreas presentes en la comarca son el rebollo o melojo (Quercus pyrenaica) utilizado también en la alimentación del ganado por su hoja y bellota; así como el alcornoque (Quercus suber) aprovechado por su corcho.

En la parte de Sayago perteneciente a los Arribes del Duero (Fermoselle, ...), y debido principalmente a sus temperaturas más templadas abundan enebros, madroños y torviscos así como cultivos mediterráneos como el olivo, la vid, almendros y otros frutales.

  
También podemos encontrar fresnos, olmos o negrillos -utilizados por su madera para hacer aperos- y chopos, pero estos solo se encuentran en las zonas más húmedas tales como valles o riberas.

FAUNA


Existe una gran diversidad faunística en la zona, con especies de clima cálido -mediterráneo que conviven con otras de clima más oceánico-continental. Es un área de incalculable valor ecológico, no sólo por su variedad de formas animales, sino también por la presencia de muchas especies protegidas, algunas en peligro de extinción.

Los cortados y las formaciones de roquedos de las márgenes fluviales resultan el biotopo más característico de este espacio natural, donde se localizan las especies de mayor valor faunístico que se corresponden con las aves:

- El Buitre Leonado[1] (Gyps fulvus), es el carroñero más típico del área. En la zona existen varias colonias con un importante número de individuos, que dan buena cuenta de los restos del ganado, cumpliendo una importante labor tanto desde el punto de vista de las redes tróficas en el ecosistema arribeño como desde la perspectiva sanitaria.

- El Águila Real[2] (Aquila chrysaetos), la más grande de las águilas ibéricas.

- El Águila Perdicera[3] (Hieraetus fasciatus), que ocupa las mayores alturas de los escarpes y coloca los nidos en las zonas más elevadas. Muy hábil para la caza. Su población ha disminuido en la última década.

- La Cigüeña Negra[9] (Ciconia nigra), de hábitos solitarios, está en grave peligro de extinción por la presión humana, la contaminación, la caza y el expolio de nidos.

- El Alimoche[4] (Nophron pernopterus), es una rapaz necrófaga muy adaptada a este medio. A diferencia de los buitres no se agrupa en colonias, sino que cada pareja tiene su propio territorio. Otra diferencia es su carácter migratorio, situando sus cuarteles de invierno al sur del Sahara.

- El Halcón Peregrino (Falco peregrinus), es un depredador en las cadenas tróficas de los Arribes. Se instala en los huecos de las cárcavas. Su maestría en el vuelo le permite volar en picado a más de 200 Km/hora sobre palomas y chovas.

- La Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), córvido con un pico de intenso color rojo.

- El Búho Real (Bubo bubo), llamado también "Gran Duque", es una rapaz nocturna. Es el búho más grande de Europa. Prefiere para anidar el roquero cercano a los bosques, donde establece sus dominios de caza. Sus enormes garras le permiten cazar conejos, lagartos e insectos. También captura aves que sorprende dormitando. En Los Arribes es el señor de la noche.

Otras aves de interés son: el Águila Calzada, el Cernícalo[5], el Vencejo[6], el Cormorán[7], el Vencejo Real, el Roquero Solitario, la Collalba Rubia, el Martín Pescador y el Mirlo Acuático en los cauces fluviales; el Mirlo Común y la Oropéndola en los huertos y los sotos ribereños.

Destaca también la presencia de una gran riqueza de peces: el Barbo, los Carpines, la Bermejuela, la Boga, la Colmilleja,...

Los mamíferos más interesantes son:

- El Lobo Ibérico (Canis lupus), que aparece esporádicamente procedente de la Sierra de la Culebra.

- La Nutria (Lutra lutra), que merodea por los viejos molinos y las piedras salientes del cauce de los ríos, dejando marcado su territorio con sus excrementos, donde se aprecian las espinas y las escamas de los peces devorados.

- La Garduña (Martes foina), mustélido que recorre los matorrales en busca de alimento y se guarece en los huecos de las encinas y quejigos.

- La Gineta (Genetta genetta), pertenece a la familia de los Vivérridos. Es abundante.

- El Jabalí (Sus scrofa), debido a la falta de pedradores se ha convertido en plaga ya que el lobo es escaso y además se ha adaptado a presas más fáciles.

- El Zorro

- Los Murciélagos (Rhinolophus ferrumequinum), mamífero alado beneficioso por su dieta insectívora. Habita en grietas y cuevas, siendo el más común el murciélago grande de herradura.

Los anfibios más abundantes son: el Tritón Jaspeado, el Tritón Ibérico, la Rana Común, el Sapo Corredor y el Sapillo Pintojo.

Los reptiles también abundan como: la Lagartija Colirroja (Acantodactylus erythrurus), la Colilarga (Psammodromus algirus) y el Lagarto Ocelado (Lacerta lepida). La Culebra de Escalera (Elaphe scalaris), se encuentra en los berrocales graníticos y recibe el nombre debido al diseño dorsal que sus crías presentan. Otra especie frecuente es la Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus).

 

ARTESANIA

Si tuviéramos que apuntar una única referencia en relación con las artesanías históricas y actuales en Zamora, no cabe duda que aquella sería la cerámica popular; más aún si ésta lleva aparejado el nombre de la localidad sayaguesa de Pereruela. A su gran interés en el pasado, se une el hecho infrecuente de su perduración hasta nuestros días. Cazuelas sobre todo, modeladas con el excepcional barro refractario de la zona, también los grandes hornos y otras muchas piezas, siguen aún por ventura elaborándose en sus patios y calles, pues antiguamente no existieron talleres u obradores. Excepcional también por su hechura, trazada de manera exclusiva por manos femeninas, si bien hoy varones y mujeres indistintamente trabajan en la rueda.

Femeninos también fueron los alfares de Carbellino de Sayago -por desgracia desaparecidos- y también existieron hasta no hace mucho centros alfareros de torno alto, manejados por hombres en Cibanal y Fornillos de Fermoselle, donde se hicieron cántaros, cantarillas y barriles, además de muy diversas piezas.

Junto con la alfarería, tuvo gran relevancia en Sayago la elaboración de textiles artesanales, cuyos telares hoy son prácticamente reliquias del pasado. Allí se hicieron las famosas mantas del país con lana de sus ovejas, destacando las mantas o mantillas sayaguesas, utilizadas como prenda de abrigo. Sus hermosos y característicos colores a bandas, negro, verde, rojo y blanco, en ocasiones de largo y suave pelo cardado, todavía se conservan en muchas casas de la comarca. Se hicieron también alforjas para el transporte con bestias de carga o sobre el hombro, así corno sacos (costales) para contener cereales o harina, con características bandas alternando los colores blanco y pardo de la lana sin teñir.
Las hermosas prendas de la indumentaria sayaguesa, de las cuales restan todavía muchos testigos, nos hablan de otra faceta artesanal, y por desgracia olvidada: la fabricación de paños coloristas bayetas, estameñas, etc, enriquecidos con bellísimos sobrepuestos y bordados con motivos florales, zoomorfos, simbólicos muchas veces.

No faltaron en Sayago otros artesanos, como los herreros, los carreteros, los canteros o los artesanos delas fibras vegetales -paja, mimbre-; todos estos oficios tradicionales, si no desaparecidos del todo, sí están en franca regresión.

Podemos admirar, sin embargo, el buen hacer de tantos artesanos en los testimonios que quedan en los pueblos sayagueses o en colecciones y museos etnográficos, en los que Sayago es referencia imprescindible.

ALFARERÍA

El prestigio de la alfarería perigüelana viene de antiguo gracias a las cualidades refractarias de sus barros que la hacen única para el fuego. Dada la calidad de los materiales, desconocemos si en el mundo antiguo y en el romano estaban sujetos a algún tipo de pago o impuesto. Pero sí sabemos cómo lo estaban en la Edad Media, y que eran codiciados por el alto valor que tenían, como demuestra la venta en 1429 de una pequeña heredad, 7/16 parte de un cuarto, de Juana López, que la había heredado de su padre Lope Fernández, ya que al morir aquella, esa parte fue reclamada por su madre Mencia Díez, monja en las Dueña de Cabañales desde que quedara viuda, alegando que su hija no podía dejar por heredero a su marido Alfonso Martín en perjuicio de ella. Después de una serie de vicisitudes y la intervención de la priora del monasterio, Alfonso Martín accedió a la venta, siendo adquirida "la parte" por “los señores Dean e Cabildo de la dicha Iglesia Catedral (de Zamora)”, por 5.000 maravedís. Eran, por tanto, los barros perigüelanos, fuente de conflictos, ya que los derechos estaban muy repartidos.

La extracción del caolín, aunque estuviera igualmente sujeto a pago, no parece que haya presentado tantos problemas, al menos durante buena parte del siglo XIX y el XX al haber una barrera comunal, además del particular, en la zona de Las Barreras.

No sucede lo mismo con el bermejo o colorao, ya que se suele decir y escribir que “era rapiñado a escondidas”, porque había alfareros que no tenían tierras arcillosas, o de ningún otro tipo. Sin embargo no es así, como podemos comprobar por el pleito que le pone el Cabildo al Concejo de Pereruela “sobre la razón del cavar e arrendar del barro del dicho lugar de Pereruela e de su término e del señorío e servidumbre”. El asunto se zanjó el 7 de enero de 1410 con un convenio entre las dos partes, gracias al cual conocemos muchos datos.
El barro estaba dividido en dos clases: de calongía, o del Cabildo, y de caballería, de caballeros, o sea de la nobleza y clases dominantes. El derecho de explotación de cada uno de ellos, a su vez se divide en cuatro partes o cuartos. El primero pertenecía en su totalidad al Cabildo y el segundo repartido entre los herederos del barro y algunas instituciones eclesiásticas.

El barro se explotaba anualmente por cuartos, un año cada uno. Si una persona tenía tierras de labor en algún cuarto, no podía cavar ni arrendar el barro, ya que ese derecho era de los herederos, que cada primero de mayo se reunían en Pereruela para fijar el precio de los arrendamientos. Si algún alfarero trabajaba barro del año anterior podía ser multado por aquellos, ya que al terminar el año tenían que devolver el barro al cuarto de donde lo habían extraído, y tras pagar el nuevo arrendamiento lo extraían de cualquier parte, siempre que fuese de un cuarto en uso ese año. El único requisito era rellenar el hoyo ocasionado. Para este fin se utilizó y se sigue utilizando en exceso barro o tierra blanca que aparece en la superficie rojiza de la arcilla a modo de manchas que el paso del arado va difuminando lentamente. Esto se puede ver en las tierras que hay junto a la carretera (antes camino) de Pereruela a la Tuda antes de llegar al Teso Trasdespadas.

En 1751 los derechos -612 reales de bellón- estaban en un sola mano, la de “Melchor de Guadalfaxara, vecino y regidor de la ciudad de Zamora, sin saber porque motivo obra dicha cantidad”.

Gracias a los mencionados documentos sabemos que, por lo menos, desde la Edad Media, hace unos seiscientos años, se hacían en Pereruela “ollas, cántaros, tinajas, e otros vasijas”; que documentos posteriores vallisoletanos y zamoranos ratifican, y añaden, además, cazuelas, hornillas o braseros y crisoles, a los que en 1751 suman también las botijas.

Alfarería de mujeres o de hombres

Desde nuestro punto de vista, creemos que se ha mitificado en exceso la atribución exclusiva de la hechura de esta alfarería a las mujeres, que algunos, incluso, se atreven a remontar hasta el neolítico. La realidad es otra como hemos dicho en infinidad de ocasiones.

Un estudio detallado del Castro de Ensenada (mediados del siglo XVIII) nos dice como vivían los perigüelanos hace trescientos años, pudiéndose hacer retrospectiva en el tiempo. La información que nos da de la distribución del terreno y en manos de quién estaba, así como de los oficios que ejercen los naturales, deja bien claro que de los 129 vecinos 65 se dedican a la alfarería; de estos 27 lo hacen en exclusividad, y el resto los nombra como alfareros-labradores; aunque de labradores sólo tienen el nombre, pues a penas si tenían terreno de labor, o ninguno. Por tanto, el labrantío sería un complemento bien en arrendamiento, en medianía o como colonos de propiedades eclesiásticas. No se puede entender, por consiguiente, que el hombre que se describe como alfarero, solamente se dedicara a cavar el barro o al acarreo de la leña, puesto que esta dedicación es de tiempo minoritario dentro del mundo alfarero. Tampoco se puede, para justificar la feminidad de la alfarería, alejar al hombre de la hechura de piezas convirtiéndolo sin más ni más en arriero; porque este oficio no aparece en dicho Catastro. Y no aparece porque no había suficientes caballerías para transportar la enorme producción de esos 65 vecinos. De todos los alfareros sólo hay tres o cuatro, que por el número de borricos que tiene, tres o cuatro, pueden transportar un buen número de piezas. El resto tiene uno, dos o ninguno. Todo lo contrario que sucedía en, el también pueblo alfarero, Muelas del Pan, al norte del río Duero, casi frente a Pereruela, donde si aparece la arriería. Respeto a si la rueda –torno bajo- es así porque la usan las mujeres, nada más lejos de la realidad, pues encontramos hombres sentados al torno bajo en diferentes lugares de la geografía peninsular: Asturias, Palencia, Portugal… Y mujeres cavando el barro en Portugal lo mismo que las de Pereruela, aunque este trabajo se lo quieran atribuir, en este caso sí, en exclusividad a los hombres. La estampa de mujeres alfareras cargando el cesto y la azuela a la espalda, después de estar todo el día frente a la rueda, y marchando por los caminos hacia Las barreras a por el barro blanco, o a por bermejo al camino de Zamora o al de La Tuda, llegó hasta los años 70 del siglo XX. Se puede argumentar que eran viudas, las había, pero otras no lo eran y la ocupación del marido las obligaba a cavar y cargar el cesto.
La arriería deja en manos de las mujeres la producción

Conviene, por tanto, que el estudio de la alfarería perigüelana esté exento de tópicos y de tabúes que pretenden mantener a los hombres y mujeres en departamentos estancos separados para que no se contaminen, como único medio o método para seguir defendiendo a ultranza el feminismo exclusivistas de esta alfarería.

Sin lugar a dudas, creemos que para su entendimiento y comprensión, es necesario entender y conocer el fenómeno de la arriería nativa ejercida por los propios perigüelanos.

El estudio que hicimos del Catastro de Ensenada en la primera mitad de los años ochenta del siglo XX, y, también por aquel entonces, la confección de un callejero del pueblo, nos aclararon el panorama.

Desde entonces hemos mantenido que la arriería perigüelana tenía un origen maragato. Y que, si el mencionado Catastro no la menciona, surgió en la segunda mitad del siglo XVIII. Y tal y como se conoció en todo su apogeo en buena parte del siglo XX, se debe a las rutas que ya andaban los propios perigüelanos a comienzos del XIX.

La explicación es tan fácil como sencilla. En Pereruela hay una serie de calles que forman casi un barrio que se llaman Maragatos. Están enclavadas en el trazado de entrada, llegando desde Zamora, de la calzada Mirandesa en el pueblo y hacia la iglesia. El nombre dice claramente su procedencia. Sin embargo no debemos pensar que estas calles recibieron su nombre porque en ellas vivieran maragatos. Pues lo mismo que estaba reglamentado en otras poblaciones desde la Edad Media –por ejemplo Medina del Campo-, para que cada gremio cuando acudía a las ferias se pusiera en determinadas calles, sucedió en Pereruela, pero en la segunda mitad del siglo XVIII; momento en que los margados acudirían a Pereruela y se ponían con sus productos en dichas calles y luego se llevarían alfarería del lugar.

Por otro lado, estudiando la ubicación de las viviendas y de las fincas urbanas de 1751 que registra el Catastro de Ensenada, no aparecen por ningún sitio calles que se llamen Maragatos. Ni siquiera había feria ni mercado. A todo esto hay que sumar que a los alfareros no les hacía falta salir a vender su producción.
Una escritura de compraventa de crisoles, fechada el 6 de enero de 1584 en Zamora, deja bien claro este tema: Sepan cuantos esta carta de obligación vieren como nos Bartolomé Blanco, vecino de Pereruela, como principal deudor e pagador e Andrés Martín, vecino de dicho lugar… Otorgamos e conocemos por esta presente carta que nos obligamos… de dar e pagar a Sor don Alonso del Castillo residente y vecino de la dicha ciudad de Zamora e Benardino de Zamora, vecino de la dicha ciudad… a saber trescientos reales por razón de que a vos abimos arrendado los crisoles que tenemos en este dicho lugar de Periruela por tiempo y espacio de tres años…”
Esta misma práctica la encontramos realizada desde Valladolid capital a través de poderes notariales; como el que dio el 9 de febrero de 1639 el alcaller Pedro del Puerto a un escribano de Zamora para que en su lugar le comprara “cualquier género de labor de Perigüela y de lo que se fabrica en tierra de Zamora” y se lo remitiera a su casa de Valladolid.”

El abastecimiento de alfarería perigüelana a la ciudad de Valladolid, ya aparee documentado en el siglo anterior como algo muy asentado, lo que lleva a suponer que dicho abastecimiento venía de tiempo atrás. Los inventarios, tanto de defunción, como de tasaciones de algunas tiendas, recogen el tipo de piezas de vajilla de barro, especificando claramente “de Pereruela”, entre las que predominan las ollas.

Cabe suponer que lo mismo sucedería en capitales de provincia y núcleos de población grandes limítrofes a la provincia de Zamora, incluida la propia ciudad de Zamora.

Si además tenemos en cuenta que la alfarería era considerada un bien de primera necesidad, su producción y venta estaba asegurada. No era necesario, por tanto, echarse a los caminos. Buena garantía de lo dicho es que su venta estaba “regulada desde el ayuntamiento –volvemos a Valladolid- con el fin de evitar, en la medida de lo posible, abusos especulativos de los vendedores al por menor en momentos de crisis”. Hecho este que en 1555, ante el desabastecimiento, “desembocó en un desmesurado aumento de los precios y consecuentemente, en un grave perjuicio para el buen discurrir del centro urbano”. En momentos de carestía llegaron a cuadruplicarse los precios.

La producción, por tanto, era comprada en origen. Es de suponer, por consiguiente, que el transporte era cosa del comprador. Entre esto y las ferias de Zamora, como la del Botiguero, y pueblos del entorno, eran más que suficientes para absorber la producción. No había, pues, actividad arriera de los naturales que los quitara de estar arrodillados a la rueda para la fabricación de piezas.

Gracias a la abundante documentación con nombres y apellidos de gentes del lugar a los que se registra con dicha actividad a lo largo de la segunda mitad de los años treinta y cuarenta del siglo XIX, sabemos que había cuando menos 59 alfareros. Que durante ese período muchos de ellos también ejercieron la arriería, y que algunos se dedicaban exclusivamente a ella, llegando a ejercerla entorno a los 80 hombres. Creemos que este número tan elevado de arrieros, tenía que tener tras de sí un número aún mayor de gentes dedicadas a la fabricación, mujeres, hermanas, hijas, y hombres ya en menor medida, pues algunos sólo figuran como alfareros. Es difícil calcular el número de personas que vivían entorno al barro. Pero sí es seguro que ese número nunca, ni antes ni después, a pesar del espectacular aumento de población que llegó a duplicarse en siglo y medio respecto a 1751, y de todos los avances que propiciaron su expansión exterior, fue alcanzado. La única explicación que encontramos a este fenómeno es el proceso desamortizador que dio comienzo en 1766, y pasó por distintos períodos (Godoy, Guerra de la Independencia, Mendizábal…), que dejó a muchos colonos sin su medio de subsistencia, la agricultura. De ahí que encontremos gentes oriundas de otros pueblos: Abelón, Cabañas, La Cernecina, Luelmo, Malillos, (estos de Sayago), Villalcampo…, incluso de Portugal: Cazarellos, Cerzio, Villachana, Friginosa…; que, por matrimonios o no, se establecen en Pereruela y viven del barro. El territorio abarcado por estos alfareros-arrieros, no se ciñó sólo a Castilla y León. En el siglo XX recorrieron esta comunidad autónoma y provincias limítrofes de Galicia, (de Asturias no hay constancia), Cantabria hasta el mismo Santander, norte de Extremadura…

Es pues, en la segunda mitad del siglo XVIII, debido a la dedicación arriera de los alfareros, cuando la producción empieza a quedar en manos femeninas, que es como la encuentran a finales del siglo XVIII Larruga, en la primera mitad del XIX Madoz, en la segunda mitad Carabias, a comienzos del XX Olmedo, a mediados Cortes Vázquez, y todos los investigadores posteriores.

La estampa de las mujeres haciendo cacharros, corroborado por la bibliografía deslumbró a los investigadores; que faltos de trabajo de archivo les llevó a acuñar él romántico término alfarería “exclusivamente femenina”. Termino que se vio reforzado por alfareras que ante la llegada del investigador y la cámara de fotografía, ejecutaban algunas faenas, por ejemplo colocar dentro del horno las piezas a cocer –echar la hornada-, al tiempo que ocultaban la hechura de algunas piezas que hacían hombres, porque no se consideraba un trabajo propio de su sexo; fenómeno este que también se dio en la alfarería Canaria. Aún hoy día hay mujeres, alfareras o no, y hombres descendientes de familias alfareras que se empeñan en mantener tan obsoleta apreciación, frente a quienes, aún teniendo avanzada edad, ya no se ruborizan al reconocer la existencia de hombres alfareros dentro de la propia familia y fuera, lo mismo que los hay hoy día empujados por las circunstancias sociales.

Es casi seguro que ya a comienzos del siglo XIX los arrieros perigüelanos andaban por las provincias de León, Valladolid y Palencia. Por los lugares donde fallecieron algunos sabemos que esas rutas nunca se abandonaron. Es más, como veremos, se ampliaron espectacularmente. Gracias esos acontecimientos luctuosos conocemos las rutas más importantes. Una, que se partía en dos, era la de León. Un ramal iba hacia la capital y Valencia de don Juan y Mansilla de las Mulas. La otra iba por la maragatería y el Bierzo, y terminaron llegando a Villablino en la Laciana. De estos caminos da fe el fallecimiento en el mes de julio de 1805 de Manuel Fadón en el mesón de Algadefe (León). Otra ruta era la de La Montaña –palentina- con dos ramales que se unían en Sahún. Uno iba por Toro, Villardefrades, Villabragima, Medina de Rioseco, Villalón… El otro por Villalpando, Villamayor de Campos… Desde Sahagún alcanzaban Saldaña, Guardo… y terminaba en Cervera de Pisuerga. Ruta que conocemos por la muerte en Villabragima (Valladolid) en noviembre de 1838 del “ollero” José Redondo, que ya tenía setenta años, en casa del posadero Francisco Ríos; al que acompañaba “su criado José Sastre”. La tercera era la de Cantabria por Valladolid y Palencia hasta Reinosa, alcanzando algunos Santander. Testimonio de esta ruta nos lo da el fallecimiento en enero de 1846 de Juan Vicente, de 30 años, que falleció en Monzón de Campos. Este arriero iba “con otros compañeros”. Y por último la del Esgueva hacia Burgos, ¿Soria? Manuel Álvarez, de 50 años, la marcó falleciendo en Renedo (de Esgueva) en abril de 1855. Además de algún otro arriero que la anduvo y llegó hasta Miranda de Ebro, que sepamos, otro Manuel Álvarez, descendiente del anterior, pero ya en pleno siglo XX, por esa misma ruta “llegó más arriba”. ¿Qué recorrido guarda esta frase? Es posible que nunca lo sepamos.
De los otros territorios que alcanzaron los arrieros, sólo sabemos del siglo XX por recuerdos familiares propios (mi abuelo materno fue arriero) y de otros vecinos, ya que hemos tenido la suerte de conocer y charlar con varios arrieros y con hijos de arrieros que conservan fresco en la memoria los recorridos de sus mayores. Por eso sabemos del norte de Extremadura y tierras intermedias de Salamanca, así como de las provincias gallegas de Luego y Orense… Seguro que fueron más tierras ya que los crisoles, además de llegar “al extranjero”, que sepamos, por lo menos en la primera mitad del siglo XIX, también fueron a la Fábrica Nacional de la Moneda en Madrid, a donde se llevaron con asnos, a Toledo, a Segovia, a los joyeros salmantinos de la sierra de Francia, y hasta Sevilla.

La arriería en un principio y durante un tiempo que no se puede precisar, se hacía con asnos. Aún recuerdan los más viejos del lugar contar a sus abuelos que “no se podía viajar muy lejos, porque con un par de burros o tres, mucha mercancía no se podía llevar. Además, en muchos lugares no había ni caminos y tenían que ir por senderos; y tanto rozar los “fardos” contra los árboles, se rompían las redes y se estropeaban muchos cacharos. Así que, si el viaje era largo, era porque se iba a un lugar concreto a llevarlos, no vendiéndolos de pueblo en pueblo”.

Cuando en 1864 Zamora quedó unida por ferrocarril con Medina del Campo, gracias a lo cual quedó vinculada “la producción agropecuaria de la cuenca del Duero, a través del puerto de Santander, a los restos coloniales de nuestro imperio indiano”, los arrieros perigüelanos aprovecharon las ventajas que le ofrecía el tren para mover un volumen mayor de mercancías y extender la zona de distribución y venta; facturando a estaciones estratégicas y saliendo luego desde ellas con los burros cargados con fardos de pueblo en pueblo hasta que agotaban la mercancía; y se iban a la siguiente estación. El arriero Felipe Lorenzo (nacido en 1877) -recuerdan sus descendientes-, facturando a estaciones y luego saliendo con burros, llegó a Reinosa (Cantabria). Ruta que conservaron en la familia hasta la extinción del oficio.

Esta nueva movilidad y los beneficios económicos que reportaba, se tradujo en el último cuarto del siglo XIX y principios del XX, en que algunos arrieros compraron carros, con el adelanto que suponía llevar una mayor carga que permitía, a su vez, llegar a pueblos muchos más alejados de las estaciones de tren, de tal manera, que a mediados del siglo XX llegaron a recorrer, además de su provincia de origen Zamora, las de Salamanca, Segovia, Valladolid, Palencia, Burgos, Cantabria, León, Lugo, Orense, norte de Extremadura y Madrid, que nosotros sepamos. Ese período es el que realmente marca el inicio de las familias alfareras-labradoras, ya que los beneficios, entre otras cosas, los emplearon en comprar terreno cultivable. Es en ese momento cuando se puede empezar a hablar con propiedad de la alfarería como complemento a la agricultura.

Cochura Por lo que respecta a la cochura, desde los tiempos más remotos, la encontramos en dos versiones: oxidante (que conserva el color de la pasta resultante de la mezcla de los diferentes barros y los engobes si los hay), que es la que ha llegado a nuestros días, y reductora (las piezas se vuelven negras) en menor proporción; técnica esta desconocida por los alfareros del siglo XX, que tampoco tienen recuerdo de que sus mayores, los que vivieron a caballo de dicho siglo y del anterior, la practicaran. También encontramos en la Edad Media, aunque en un porcentaje muy pequeño, cocción reductora y poscocción oxidante después de haber recibido algún tipo de engobe amarillento. Aunque en la Edad del Hierro aparece algún fragmento con esa doble cocción, puede achacarse a la entrada involuntaria de oxígeno en el último momento de la cochura, ya que no presenta la uniformidad que las medievales.

Aunque sí podemos hablar de talleres de cerámica común en la localidad, y de la fabricación de material de construcción en época romana; no podemos decir lo mismo de la "terra sigillata", ya que si para cocer la alfarería tradicional bastaba un hoyo en el suelo, en los que se coció desde los tiempos más remotos hasta los años treinta del siglo XX, en que desde Valladolid se introdujo el horno bicameral, caído en desuso en las últimas décadas; para la cochura de la "terra sigilata" y algunas piezas medievales de gran calidad, era necesario un horno bicameral; que si bien era conocido desde época romana en la provincia de Zamora, como lo demuestran los yacimientos arqueológicos, queda por demostrar si se utilizó en Pereruela.

Alfarería de autor Oro tema ignorado hasta la fecha se refiere a la Alfarería de autor, ya que un buen número de vasijas de los siglos XIX y XX aparecen firmadas con trazos impresos hechos con la punta del jañadero (madera para alisar el barro) y con el cuero (para el acabado final) doblado. Hasta la fecha hemos encontrado veinticinco diferentes, de las que hemos conseguido identificar sus nombres y apellidos a una docena. Desconocemos desde cuando se lleva a cabo esta práctica; ignorada por casi el cien por cien de los descendientes de alfareros y personas que conservan dichas piezas.

Conclusión

El estudio de los fragmentos de cerámica desde los tiempos más remotos hasta la actualidad, nos ofrecen una imagen clara acerca de lo que es la alfarería tradicional actual, de tal forma que, salvando las pocas imperfecciones que aparecen en los acabados finales de las cerámicas comunes del Hierro, si ponemos juntos restos de esa época, del período romano, del medieval y del actual, el profano en la materia no llega a distinguirlos, porque las mezclas de los diferentes bermejos que hay en el lugar con el caolín y con otros barros foráneos ya aparecen en el III milenio a. C., encontrándonos, como única aportación a su evolución, las ventajas que ofrece la “rueda” -torno bajo lento-, que da unos acabados más perfectos que en la cerámica de etapas anteriores donde es visible el alisado; sistema que sigue realizándose con el jañadero de madera en las distintas fases de la fabricación ya que el barro es de secado muy lento.

Por tanto, esta alfarería por su forma de realizarla, y viendo como aún se siguen fabricando los hornos en los que para nada se emplea la "rueda", se puede hacer perfectamente sin el torno, como en las primeras etapas de su historia, y como se hace la alfarería Canarias y en otros países.

El prestigio alcanzado por la alfarería perigüelana, está avalado por el conocimiento y uso “hasta en el extranjero” ya a medidos del siglo XIX. Y se ve ratificado con su presencia en las exposiciones universales del siglo XIX, de Viena (1873) y París (1878) que nosotros sepamos, de la mano del perigüelano Lucas Porto Carnero.

ARTE PICTÓRICO

La pintura mural es una de las primeras manifestaciones artísticas conocidas. Desde el Paleolítico Superior, el hombre ha pintado y grabado sobre rocas y muros con el fin de expresar, principalmente, aspectos de su espiritualidad. Las iglesias y ermitas de Sayago aún conservan en su interior, pinturas murales que a grandes rasgos pertenecen a la Edad Moderna (ss XVI-XVIII). Comunes en la Edad Media, las pinturas murales tuvieron una especial relevancia en aquellas comarcas y regiones más pobres y, particularmente, en los centros de culto o en las ermitas de los pueblos. De esta manera, la comunidad podía costear con sus escasos medios una decoración y un programa religioso para sus iglesias.

En la provincia de Zamora y, en especial, en Sayago, la pintura mural tuvo una gran extensión. Sabemos de la existencia de pinturas murales en ermitas e iglesias de Tudera, Villamor de Cadozos (ermita del Humilladero), ermita de Nuestra Señora de Gracia, Roelos, Villar del Buey, Torrefrades y Bermillo de Sayago (ermita de Santiago del despoblado de Corporales). La mayor parte de ellas han desaparecido por la humedad, la ruina de los muros o por revoques posteriores.

De entre las que se conservan, son de destacar las de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro en Palazuelo de Sayago. De estilo arcaizante, las que aún se conservan recogen escenas del Nuevo Testamento, más concretamente, de la Pasión.

Mucho más importantes, por su calidad v conservación, son las pinturas de la ermita de Nuestra Señora de Fernandiel, en Muga de Sayago. Esta ermita situada en un antiguo despoblado a las afueras de Muga, conserva un conjunto mural de estilo renacentista pintado hacia 1541 por un grupo de pintores desconocidos. Lo interesante en este caso no es tanto su calidad como lo completo de su programa iconográfico, en palabras de Rivera de las Heras, son "una verdadera catequesis visual para quien la contempla". Distribuidas por toda la ermita, abarcan los siguientes motivos:

1º En el cuerpo de la nave: - La Última Cena - La expulsión de San Joaquín del templo - Le Revelación de San Joaquín - La oración de Getsemaní - La Revelación de Santa Ana - El abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada - Santa Ana, la Virgen y el Niño - Los cuatro padres de la Iglesia Romana - Varios mártires, como Santa Agueda, Santa Catalina, Santa Lucía, Santa Apolinia, y en el arco, Santa Brígida

2º En la cabecera: - Veinticuatro figuras de profetas del Antiguo y nuevo testamento

3º En el testero: - Santiago Matamoros, San Ildefonso y Santo Tomás.

:: La casa de Viriato
Aparte de estos restos de pintura religiosa, es preciso mencionar un curioso ejemplo de pintura mural aunque de carácter civil: la denominada "Casa de Viriato" de Torrefrades. Considerada por la tradición popular como la casa natal del caudillo lusitano, la "Casa de Viriato" es, en realidad, un edificio del siglo XVIII construido, quizás, sobre los restos de una antigua ermita. Un escudo de la provincia junto con una inscripción, ambas en el zaguán apoyan esta cronología:

AÑO DE 1784. SE EDIFICO ESTE PALACIO DE BIARIATOS (sic) POR MANDADO DE DON FRANCISCO RIBERA SIENDO PROCURADOR.
En el interior, acondicionado como vivienda en este siglo, pueden verse aún pinturas murales que representan cortinajes, borlas y ángeles ejecutados en colores primarios. Junto a ellos, destaca una orla que rodea la estancia principal donde puede verse un conjunto de figuras geométricas que suponen un completo repaso de trigonometría, esto es, el cálculo de los elementos de los siete triángulos planos y esféricos. Este hecho hace sospechar la existencia de una escuela en el citado local durante, al menos, el siglo XIX.

FOLKLORE


Los orígenes de nuestro folklore duermen en la lejanía de tiempos remotos. Allá entre los dioses de piedra que habitaron nuestros caminos. En los seranos de las noches de muchos inviernos. En la limpia, el muelo, la matanza, o la sementera. En románticas pasiones pastoriles en los montes y los tesos. En los días de boda. En los devotos ofertorios en la vieja ermita. En los; miedos a la noche; con sus mágicas y difusas formas. En el teatro y la loa nacida en el pueblo, del pueblo, y de su vivir cotidiano...

Hoy, gracias al empeño impagable de quienes trabajan ilusionados en su recuperación y a los grupos de jóvenes que dedican muchas de sus horas a mantenerlo vivo, podemos aún deleitar nuestras miradas con la belleza de sus atuendos, y sentir en nuestros corazones la música de sus ancestrales y enigmáticos misterios.

Para hacernos una idea de lo que son los bailes sayagueses vamos a ver cómo ha ido evolucionando el baile en Castilla y León para poco a poco irnos centrando en cómo ha evolucionado en nuestra comarca.

El baile popular es omnipresente en toda la zona noroccidental de la Península Ibérica y por tanto también en la región castellano-leonesa en la que nos encontramos: los bailes llamados a lo bajo en ritmo ternario y los bailes a lo alto en ritmo binario. Unos y otros son conocidos con diferentes nombres, debidos unas veces a los gestos o figuras de los danzantes en su realización coreográfica, otras a palabras o expresiones del texto cantado, sobre todo de los estribillos, y otras por alusión a los instrumentos populares con que se acompañan quienes los cantan. Pero tanto en el grupo de los bailes en ritmo ternario como en los de ritmo binario rápido encontramos unas características musicales reducibles a tipos generales en los que se observa gran similitud.

En la comunidad castellano-leonesa, así como en todo el territorio nacional, existen gran variedad de danzas populares. Así mismo, estas danzas tienen diferentes nombres, según en qué lugar geográfico se bailen.

La estampa del baile folklórico o etnográfico empieza a decaer a principios del siglo XX con la llegada hasta nuestras tierras de modas foráneas del "baile agarrao", tales como valses, mazurkas, pasodobles, habaneras, etc.. Debido a la falta de protección de las costumbres y tradiciones populares y a la enorme despoblación de las tierras de la Meseta Norte, el baile tradicional fue desapareciendo. En los cancioneros de algunos folkloristas encontramos descripciones costumbrísticas y en algún caso coreográficas que nos hacen imaginar el baile tradicional en toda su pureza hasta más o menos mediado este siglo. Hasta esta decadencia, el baile constituía la diversión y el regocijo predilectos de la sencilla gente de pueblo. 

Los bailes y las danzas se presentan en todos los textos descriptivos como actividades especialmente típicas y características de la vida popular de nuestros pueblos, como ingenua diversión espontánea en la que se observa como bien dice Miguel Manzano; "un perfecto equilibrio del hombre con el entorno social en que vive, una armonía poco menos que inalterable entre las generaciones, los sexos y las clases sociales, que convierte la existencia rural, campestre, en algo bucólico e idílico. Pero si reflexionamos detenidamente acerca de estas consideraciones -sigue diciendo Miguel Manzano- hay algunos aspectos que no aparecen demasiado claros. Falta por ver si los protagonistas de esa vida y de esas actividades lúdicas piensan de ellas lo mismo que estos cronistas que las ven desde fuera y que las consideran, quizá desde una perspectiva puramente estética, en lo que tienen de espectáculo. Quedan también sin aclarar los aspectos del baile y de la danza desde el punto de vista de su significado y de su contenido expresivo, que va muy lejos de la simple diversión, o de la belleza plástica y musical".

En el lenguaje común del pueblo, en estudios de antropología y en las recopilaciones de música tradicional se habla indistintamente de bailes y danzas como si fueran una misma cosa. Pero conviene advertir que mientras el baile es una expresión espontánea para el divertimento rural, la danza exige una preparación especial y está ligada a lo ritual, a las fiestas y conmemoraciones que cíclicamente se repiten a lo largo del año natural y litúrgico. Los bailes a lo bajo y a lo alto son para la diversión, aunque en algún caso pueden cambiar su significado y convertirse en danzar rituales si son ejecutados en el ámbito de alguna festividad religiosa.

El nombre de jota es el más común para designar en la zona noroccidental de la Península al baile en ritmo ternario de agrupación binaria generalmente cantado con acompañamiento de pandereta, pandero y a veces castañuelas y otros instrumentos idiófonos. La jota es el baile más difundido en la tradición popular de nuestras tierras. Sólo en los cancioneros de Castilla y León aparecen transcritas más de 600 tonadas.
Del análisis musical del repertorio de jotas recopilado y publicado se pueden sacar las siguientes conclusiones:

1. La jota no es propia solamente de una región determinada que después han tomado otras. Se canta y se baila en toda la península ibérica, Portugal incluido.

2. Aun conociéndose el canto y el baile de la jota con múltiples denominaciones, del análisis musical se deducen unas características que permitan aclarar que se trata del mismo género.

3. La forma más simple, y probablemente originaria, se reduce a un texto de cuarteta octosilábica cantado de forma silábica que adopta el ritmo ternario de agrupación binaria en aire rápido: 6/8, noventa corcheas aproximadamente aunque en algunos casos se muestra más reposado, sobre todo en coreografías austeras y graves. Esta estructura simple se ha ido desarrollando por repetición de uno o varios versos de la cuarteta, por inclusión de alguna muletilla, por inclusión de un estribillo corto o incluso de forma simétrica a la estrofa, etc. Existen también jotas con texto de cuarteta de seguidillas y con múltiples plantillas rítmicas, entre la que llaman la atención la de fandango y petenera.

4. La música de la jota o baile en ritmo ternario tiene las mismas características que el resto del repertorio tradicional de cada lugar en cuanto a modalidad, tonalidad, cadencias, aire, acompañamiento rítmico, estructuras de desarrollo melódico, etc. Estas características musicales que a menudo son arcaizantes, ofrecen múltiples variantes en cada zona o lugar a pesar de una cierta unidad básica. Lo mismo sucede con la coreografía.

5. Si se analizan musicalmente un buen número de tonadas que en las recopilaciones no son clasificadas como jotas, se puede concluir que lo son.

6. La mayoría de las melodías instrumentales de jota derivan claramente de las vocales. Algunas melodías instrumentales son más bien tardías, caramente tonales.

:: Coreografía de la jota
En cuanto a la coreografía, su movimiento tranquilo y sin exageración, se confía a los brazos, piernas y pies. La jota "consiste en moverse lentamente y a rigor de compás haciendo en los tiempos fuertes a manera de un ligerísimo descanso con el cuerpo.... Los bailadores en los estribillos suelen hacer movimientos mucho más animados". La coreografía es diversa dentro de una realización básica semejante en los ademanes. Es interesante mencionar los nombres con los que se conoce la jota o baile en ritmo ternario en la provincia de Zamora.

· Jota.
· Jota corrida.
· Fandango.
· El menudillo (baile jotesco para gaita de fuelle distinto del aragonés. Es propio del Occidente de Zamora).
· La chacona.
· Jota punteada.
· Jota de los Lagos.

Además del tradicional nombre de Jota, en la comarca de Sayago es conocida como Fandango.

Después de la jota sigue en importancia en tierras noroccidentales el baile en ritmo binario de aire movido (de 120 a 176 corcheas) que también recibe múltiples denominaciones y se baila con diferentes coreografías. Al igual que en la jota, sólo un análisis musical detenido permite observar la semejanza básica de unas tonadas de baile que son conocidas con gran variedad de nombres. El baile binario es de técnica coreográfica brincada. Dice Córdova y Oña que "los movimientos son parsimoniosos y secundarios con los brazos y el cuerpo, pero vivos en lo que hace a los pies". Y Olmeda afirma que los bailadores "menean los pies a compás con mucha rapidez, algunas veces vertiginosamente", que "la hembra ha de tener siempre, durante el baile, la vista al suelo" y que "el estribillo lo tocan con más animación". En cualquier caso es un baile alegre en el que los textos son con frecuencia humorísticos y picantes y la coreografía insinuante a pesar de su aparente hieratismo. Su música se manifiesta muy a menudo con rasgos arcaicos, abundando los sistemas melódicos modales, sobre todo el modo de Mi, cromatizado de ámbito estrecho.

En la provincia de Zamora este tipo de danza tiene diferentes nombres, según a qué comarca nos estemos refiriendo.
· Baile llano.
· Baile al modo llano o a lo llano.
· Charro.
· Baile de p´aca y p´allá.
· Baile de p´alante y p´atrás.
· Baile de p´atrás y p´alante.
· Encruciado.
· Brincao.
· El Valentín (alusión en estribillo).
· Purrusalda (alusión en la estrofa).
· Baile de las culadas.
· Baile corrido (en la zona de Sanabria. Alude a la forma de desplazarse los bailadores)
· El baile (simplemente)
· La habas.
· Las avellanas (alusión en el estrofa9.
· Pandeirada por muñeira.


En algunas zonas de Zamora la jota se baila con mucha animación, sobre todo en el estribillo, con pasos que se acercan al salto, mientras que el baile binario es el llano, con estilo asentado.
En la comarca de Sayago este nombre se conoce como baile charro.

El baile charro es un baile con ritmos de acentuación a contratiempo. En las tierras de Zamora y Salamanca rayanas con Portugal (Aliste, Sayago, Arribes del Duero y el Rebollar) aparece un tipo de baile denominado charro (no confundir con la charrada), ajechao y baile llano, según los lugares, que presenta una fórmula rítmica originalísima. Siendo un ritmo binario de agrupación cuaternaria, cuya acentuación a contratiempo que es, precisamente, su característica diferenciadora.

La originalidad de este ritmo, junto con el de la charrada y algunos otros, mereció la atención y el estudio del profesor García Matos, que dedicó a este tema dos artículos muy interesantes.

Los instrumentos utilizados en la comarca sayaguesa son la flauta, el tamboril y los pitos charros (castañuelas). Este es un baile de lucimiento, reservado única y exclusivamente a los mejores bailadores del pueblo. Se bailaba en fiestas patronales, religiosas o celebraciones tales como bodas o bautizos. Cuatro pasos principales caracterizan la danza, pudiendo ser variado alguno de ellos conforme figura la habilidad del bailador. El cuarto y último paso denominado "la zapateada" adquiere más popularidad que el resto, pues es donde el danzante demuestra su habilidad ante la gente del pueblo.

En cuanto a la distribución y colocación de los danzantes, estos se situaban con toda libertad sin seguir ningún tipo de criterio. Los pasos utilizados en "el Rosca", danza realizada por los recién casados entorno a una mesa con un mantel de cuatro puntas sobre el que se colocaba un bollo Maimón, consistiendo el baile en realizar una estrofa de charro por cada punta del mantel, tapando el bollo conforme se iba avanzando, y posteriormente destapando éste. Durante la danza los novios tenían que evitar que los mozos, amigos del novio, le quitasen el bollo.



Esta si que es novia Y no la pasada, Esta si que es novia Que lleva la gala. Esta si que es novia Y no la de ayer, Esta si que es novia Que lleva el clavel.



Además de estos bailes representativos en la comarca de Sayago podemos encontrar en ella otros, que aunque menos señalados no por ello carecen de importancia ; unos arraigados desde tiempos remotos en toda la comarca y otros característicos en determinadas zonas de esta. 

Nadie parece conocer la esencia real de este baile, aunque por documentos hallados y consultas a esas fuentes de información tan fiables y de las que tantas veces echamos mano los folkloristas como son nuestros mayores, puede tratarse de la tradicional jota o de algún precursor de esta. Toda la información relaciona este baile con ritos bastante profundizados en la comarca de Sayago como la noche de san Juan y algunas próximas al solsticio de invierno; con lo que deducimos que no se trata de un baile de mera diversión, sino de un rito arraigado al pueblo como lo podía estar el charro anteriormente citado, que fue lentamente decayendo hasta llegar a formar parte de motivos de divertimento.

Encontramos también información de este peculiar baile en archivos de otras comarcas zamoranas, algunos como el de Bercianos de Aliste, encontrado casualmente por el historiador sayagués Ramón M. Carnero y citado en su libro "El baile de la bandera", el cual dice textualmente: "Siendo sumamente perniciosos, provocativos y en ocasión a mu (muchos) escandalosos los bailes que se executan en el distrito de esta avadía llamados Paseo san Juanada y Salteado a que concurren hombres y mujeres de noche con pretexto del ttpo (tiempo) de Navidad, de Santos Reies, de Antruejos y de los santos patronos de los lugares...(quedan prohibidos)."

Cuando el texto se refiere a "avadía" lo hace a las tierras de Alba y Aliste y estos marcaban una serie de prohibiciones por las perniciosas costumbres de realizar estos bailes que para ellos era signo de provocación ante el pueblo llano que acudía a verlos. Fueron comprobados también el resto de los archivos diocesanos de los demás pueblos de la citada "avadía" y todos coincidían en las prohibiciones de este baile y en el contenido indecente de sus movimientos .No sólo queda prohibido este en Alba y Aliste sino también en lugares como la Hiniesta, Castronuevo, Algodre y Coreses..., donde se han encontrado documentos diocesanos que tachan también este baile por sus escandalosos movimientos de mujeres y hombres.

La verdad es que estos son los únicos datos que tenemos de este baile, se puede tratar de un antecesor de la jota, en la que se han suavizado los movimientos a tenor de las críticas sufridas por la iglesia del tiempo, remodelándose por los aldeanos hasta que fuera aceptada por esta. También encontramos parecidos con el bricao ya que este lleva varios pasos del anterior, típico de Sanabria, la Carballeda ...

Podemos concluir con una posiblemente certera suposición personal, ayudada claro está por la anterior información, en que dadas las raices tan hondas de este baile, que hasta pueden llegar de épocas romanas, cuando hombres y mujeres danzaban en fiestas y banquetes, que más tarde fueron censurados por los cristianos en su incursión hispánica, coincidentes estos con las prohibiciones escritas en los archivos diocesanos de épocas más cercanas a nuestros días. Puede ser, el Paseo Salteado o Saltado, sería la verdadera raíz de la jota , el brincao ,y otros tantos bailes de nuestro rico folklore . Sin preocupaciones lógicamente en este caso de tipo pernicioso ni burlesco.

Este baile ritual se atribuye a la fiesta de S.Roque , el cual es conservado actualmente en las localidades sayaguesas de Muga y Almeida celebrándose los días del santo con el que se identifica (15 y 16 de Agosto). Esta forma parte del folklore profano - religioso, ya que mezcla un ritual del pueblo llano con connotaciones religiosas. Este baile se relaciona con el agradecimiento al santo venerado por alguna pasada época de hambres, pestes, u otros males en las poblaciones ancestrales, agradecidos por esto se realizaban bailes en su día, como el baile de la bandera. El baile de la bandera puede estar vinculado a algún elemento militar, posiblemente lo relacionemos con la lucha entre moros y cristianos; excepto en Muga que no se han encontrado documentación sobre la presencia militar, cosa que sí se ve en Almeida, donde diferentes personajes ocupan cargos militares expresados con diferentes bandas colocadas sobre su pecho, los cuales acompañan al abanderado, denominados puestos.

La bandera está confeccionada con trozos de tafetán (seda), y presenta una gran variedad de colores y de figuras geométricas tanto en Almeida como en Muga, en Almeida no se utiliza la bandera original, debido a su peso y altura, por lo tanto si vais os encontrareis una bandera más llana que la auténtica. En Muga sí se utiliza la original durante el espectáculo.

El baile de la bandera es un baile que realiza un solo individuo, aunque en Muga y Almeida se tiene constancia de en ocasiones hasta tres personas han consumado este baile en conjunción. Los movimientos se realizan con el asta; este consta de tres fases, en las que se hace girar alrededor de la cintura con el palo siempre paralelo al suelo, cambiando a veces de sentido el giro del asta. Posteriormente, tras el cambio de sonido de la flauta y tamboril que acompañan al abanderado, se pasa la bandera varias veces por debajo de cada pierna. La segunda fase se realiza con la rodilla en tierra, primero la derecha y luego la izquierda, pasando la bandera por debajo de cada pierna varias veces, cuando el son acompañante lo indique, como anteriormente. La tercera y última fase se consuma sentado en el suelo, sin dejar de girar la bandera alrededor de la cintura, y pasando nuevamente la bandera por debajo de cada pierna, cuando por última vez lo ordene la música del baile. Para finalizar el abanderado se levanta , terminando la música con un floreo de flauta y un repique de tamboril, dando paso a otro valiente abanderado. En Almeida después del abanderado puede bailar cualquier persona delate de S. Roque o de los militares; mientras que en Muga al realizarse este baile la víspera de S. Roque los abanderados bailan delante de los mayordomos, que habrán llevado la bandera a la plaza mayor ;y de las autoridades del pueblo. Por supuesto tanto en Muga como en Almeida todo el pueblo acude a ver el baile ritual.

Encontramos otros bailes de bandera similares a los de Muga y Almeida en Algodre, Coreses, La Hiniesta, tierras de Valencia, Cordoba y Toledo. Anteriormente en la mayor parte de los pueblos de Sayago se realizaba este baile, pero como muchos otros se ha perdido ya.

El día del ofertorio, en épocas de septiembre, se realizaba en la inmensa mayoría de los pueblos sayagueses el baile del Ramo, aunque actualmente sólo se realiza en determinadas localidades de esta comarca como Muga, Almeida, Bermillo... Al baile lo precede un rosario dentro de la iglesia parroquial, y posteriormente tras un ofrecimiento del pueblo a la virgen, un grupo de bailadores, normalmente de la localidad, bailan el Ramo.

El baile consta de una serie de pasos de mudanza muy simples, marcados por un tamborilero, y posteriormente le sigue un estribillo, en el que los bailadores se entrecruzan entre si, volviendo a pasar a la mudanza primera.

Toda la comitiva de bailadores sigue al ramo,(hecho con lana, roscones,manzanas y pimientos), y a un par de hochavas cargadas de cereal y con una vela clavada encima. Todos estos presentes son signo de ofrecimiento de los mayordomos a la virgen